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Ignacio Sánchez, rector UC: «Los alumnos de primer o segundo año pueden tener brechas, pero tenemos 2 a 3 años para superarlas»

“Tenemos dos o tres años para superar esas brechas y esa es nuestra obligación. Nuestro compromiso es que se resuelva antes del egreso”, explica en entrevista con La Tercera el jefe de la universidad, quien además describe las dificultades que han tenido las casas de estudios para retornar a las aulas. También detalla sus acercamientos con la mesa constituyente. «En la Constitución actual hay una referencia muy general a la educación superior y eso tendrá que profundizarse», asegura.

Los pasillos de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica están vacíos. Incluso, hay eco. Los estudiantes, por estos días -en la tónica de lo que han sido los últimos tres semestres- realizan en forma online el proceso de toma de ramos para iniciar un nuevo calendario académico. Pero este, al menos, tendrá un atisbo de normalidad: según la programación del plantel, el 40% de la matrícula tendrá actividades presenciales. “Esto significa que por lo menos los estudiantes tengan dos de cinco cursos con actividades presenciales y en octubre, si todo se sigue manteniendo estable, queremos dar otro paso para llegar a un 70-80%”, asegura a La Tercera el rector de la entidad, Ignacio Sánchez.

Se trata de un asunto que, por estos días, se ha tornado álgido. Si bien a inicios de año la polémica por la presencialidad de los alumnos se había enfocado en los colegios -y particularmente los municipales-, ahora son las universidades el blanco de críticas, por las demoras que han tenido en normalizar sus actividades, acomodándose, eso sí, a las restricciones que impone la pandemia.

En las últimas semanas, incluso, intervino la Superintendencia de Educación para forzar el retorno, pese a lo cual varias casas de estudio mantienen en vilo su fecha de retorno a las aulas, con un elemento nuevo que ha ahondado el conflicto: el rechazo de los académicos de las Ues. estatales a la presencialidad.

En este escenario, Sánchez afirma que “cada uno tiene que trabajar desde su ámbito. El llamado que hicieron el subsecretario, la superintendencia, las dirigencias estudiantiles. También la inquietud de los padres que quieren que la presencialidad retorne. Todo eso lo consideramos positivo en el ámbito de remar hacia el mismo lado, ojalá con el mayor diálogo posible”.

La PUC pedirá Pase de Movilidad para ingresar a los campus, ¿qué harán con quienes no lo tengan?

Vamos a disponer que esas personas se tomen un test de antígenos a costo de la universidad si son profesores, estudiantes o administrativos. Si son externos, el que no tenga Pase de Movilidad no puede entrar.

¿Cómo fiscalizarán el cumplimiento de las medidas?

Tenemos la experiencia desde septiembre de personas que están viendo el comportamiento de quienes han venido a ciertas actividades y lo que hacemos es más bien una sugerencia, llamar la atención positivamente. Por supuesto que vamos a tener que tomar medidas diferentes si es que estas situaciones se repiten y si hay actividades de aglomeraciones tendremos que tomar medidas sancionatorias, pero estamos tratando de que no sea así.

¿Medidas que hagan retroceder la idea de la presencialidad?.

Si vemos que hay un retroceso a nivel país, qué vamos a hacer. Si de aquí a tres meses tenemos de vuelta la cuarentena, no podemos hacer nada más.

¿Cómo han reaccionado los estudiantes frente al retorno?

Son de los más activos. Hemos visto que el cansancio que tienen con la actividad online es muy marcado, que se han manifestado un poquito fatigados y que, de los estudiantes que ingresaron el año pasado, muy pocos han visitado los campus. La voluntad la tenemos muy a nuestro favor. También hay que decir que los estudiantes presentan dificultades que hay que entender: tenemos un 24 a un 25% de estudiantes de regiones, y están muy proclives a la posibilidad de clases híbridas. Y también hay temor de la vuelta, entre estudiantes con hijos que no están yendo al colegio o que están al cuidado de un adulto mayor.

¿Las universidades se demoraron en empujar el retorno? El debate en los colegios fue mucho antes…

El sistema universitario tiene condiciones distintas al escolar. Primero hay que asegurar conectividad, las universidades son más masivas y tenemos estudiantes de regiones o de 40 comunas de la capital, entonces, ¿qué ocurría? Podíamos estar en determinados campus en Fase 2 y otros en Fase 1. O estudiantes que estaban en Fase 1 y no podían venir. Y así con el personal de servicio o los administrativos. La complejidad de acceder a los campus para las universidades es mayor. Y hace dos meses teníamos ocho mil casos y hoy tenemos 600. Esta ventana positiva tenemos que aprovecharla con responsabilidad.

Las universidades privadas parecen haber avanzado más rápido…

Hay que calcular el número y la diversidad de los estudiantes, la ubicación. Cuando una universidad es más pequeña, llegan desde menos comunas. La situación es distinta en una universidad más amplia, cuando su población de estudiantes de regiones es mayor. Las complejidades son distintas.

¿Con la educación online han respondido bien a las necesidades educativas?

En los espacios de encuentros es donde salen las ideas innovadoras. Esa espontaneidad productiva no se da en un Zoom. Pero el 14 de marzo del 2020 nuestra universidad dijo que había que irse a la educación a distancia. Y la verdad es que fue bien sorprendente, en forma positiva. En dos o tres días nos fuimos por un camino de perfeccionamiento continuo, con una tasa muy baja de problemática. Pudimos adaptarnos muy bien a una realidad, eso no cabe duda. No es lo mismo que la presencialidad, pero considerando todas las dificultades, creo que fue extraordinariamente positiva la forma de subirnos al proyecto.

La Federación Nacional de Académicos de Universidades Estatales dice que no están las condiciones y se niegan a volver a las aulas. No le afecta a ustedes, pero ¿teme que situaciones así escalen?

Siempre hay temor por la posibilidad de rebrotes. Pero nosotros tenemos bases sólidas para decir que tenemos una población vacunada en muy buena proporción y una situación país que se va mostrando positiva. Estamos monitorizando diariamente lo que ocurre al interior de la universidad y a nivel país. Les decía a los decanos que es evidente que en todas estas situaciones uno también puede echar pie atrás. Yo también puedo decírselo a la comunidad en tres semanas más si nos damos cuenta de que no podemos seguir avanzando y vamos a retroceder. Pero a la luz de la información que tenemos hoy, tenemos que hacer todo lo posible por el retorno. Y si hay voces distintas, tendremos que dialogar.

¿Cuánto les afectará la falta de presencialidad a estos estudiantes?

Es una pregunta que requiere un seguimiento, porque uno puede tener una impresión y tiene que determinarse a largo plazo. Lo que puedo decir es que en las personas que estaban por egresar el año pasado nos focalizamos en que tuvieran todos los contenidos teóricos y prácticos para asegurar su calidad de formación. Los alumnos de primer o segundo año por supuesto que pueden tener brechas de conocimiento práctico que en este año y medio se hayan ido acumulando. Pero tenemos dos o tres años para superar esas brechas y esa es nuestra obligación. Nuestro compromiso es que se resuelva antes del egreso. Entonces, tenemos brechas, pero también hemos desarrollado músculo en otros ámbitos que de otra manera a lo mejor no lo hubiéramos desarrollado. Todavía no hemos podido aquilatar o valorar las nuevas competencias y habilidades que han desarrollado estos jóvenes.

¿Cree que la presencialidad va a ser un factor competitivo para que un alumno decida matricularse en una u otra universidad?

Cada institución va fortaleciendo su capacidad, su calidad y su imagen a la opinión pública. Más que hablar de presencialidad o no, es el enfrentamiento de la pandemia lo que tiene que ver con la presencialidad, pero también con el aporte de investigación, con el compromiso público, la relación con las necesidades del país. Y en esa forma de trabajo nacional, a lo mejor imperceptiblemente se va creando o se va fortaleciendo el prestigio.

¿La pandemia los ha afectado financieramente?

Nos ha golpeado fuertemente, con menores ingresos producto de la mayor precariedad de nuestros estudiantes, mayor solicitud de becas, menor capacidad de pago. Nos ha golpeado porque las actividades que hacemos han tenido que ser limitadas. Hemos aumentado los gastos, porque todo el desarrollo tecnológico requiere recursos. Y no hemos reducido personal. Entonces, cuando tienes menos ingresos y se mantienen o incrementan los gastos, es una situación bien difícil. Por eso pedimos la aprobación de la ley que permitía gastos del Fondo de Crédito Universitario, de sus intereses. Hay un déficit bien importante en el sistema universitario.

Convención Constituyente

¿Se ha acercado al trabajo de la mesa constituyente? Ya tuvo reuniones con Elisa Loncón y con Jaime Bassa…

Desde la universidad nos preparamos para este proceso. Tenemos una comisión Constitución Constituyente. Hay cerca de 80 profesores de todas las carreras que están trabajando desde hace ya más de un año. También trabajamos en el ‘Tenemos que hablar de Chile’. Jaime Bassa es exalumno, Elisa Loncón es profesora nuestra, Carmen Gloria Valladares es exalumna también. Hay 26 exalumnos de la universidad como constituyentes. Cuando fui a hablar con la presidenta Loncón fue con dos motivos: decirle que la universidad estaba disponible para aportar en infraestructura, en discusión y en las temáticas en que los profesores puedan colaborar y con un aporte específico de medición de CO2.

¿Tiene línea directa con Bassa o Loncón?

Tengo sus celulares y ellos tienen el mío.

¿Hablan periódicamente?

No lo definiría como periódicamente. Los felicité cuando fueron electos, cuando formaron directiva, nos comunicamos cuando los fui a ver hace dos semanas y después me agradecieron por WhatsApp todo el aporte. Es cierto que tenemos la confianza necesaria para comunicarnos cuando sea requerido.

¿Qué debe garantizar la nueva Constitución sobre la educación?

Los chilenos y chilenas quieren tener una educación de calidad, accesible, pluralista, amplia para sus hijos e hijas. Y en ese sentido, por supuesto, los ámbitos de la gratuidad, de pluralismo, del respeto, del derecho, de la libertad de enseñanza, van a tener que ponerse a discutir. En la Constitución actual hay una referencia muy general a la educación superior y eso tendrá que profundizarse y desde mi punto de vista tiene que explicitarse que lo público no es solamente lo estatal. Si en esta pandemia hubiéramos puesto barreras de entrega de aporte público a quienes no somos estatales, yo creo que nos hubiéramos perdido mucho aporte significativo.

¿Cómo ha visto el debate, desde que se constituyó la mesa?

Ha ido de menos a más. Yo le pregunté a Elisa Loncón si conocía a Jaime Bassa y me dijo que lo había conocido el día de la primera reunión. Entonces tenemos que pensar que son personas que se están conociendo, que están entrando en la confianza que significa un trabajo conjunto. El hecho de avanzar en comisiones, en una mesa más amplia, me parece que es el camino. Creo que es muy precoz todavía para pedir resultados. Hago una buena evaluación global. No hay que sacar conclusiones por una actividad específica, sino qué ha pasado en estas semanas.

Fuente: La Tercera, edición del 6 de agosto, páginas 12 y 13.

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